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TRES ROLES

beduina @ 11:58

Siempre he querido ser un Dancer, bailar con la vida, dejar que mi cuerpo
fluya con las cosas, sin resistencia, sin miedos, sin propósitos. Un Dancer
es un poeta vital, alguien que tal vez no utiliza las palabras para fijar en
papel el ritmo y la cadencia de sus experiencias, pero que no por ello deja
de sentir profundamente ese ritmo, ese latir de la tierra, del alma humana y
del universo entero. Un Dancer es un ser ligero, una caminante con hatillo
pequeño, una cultivadora del desapego. Recorre los caminos saboreándolo
todo, disfrutando de cualquier incidente, mientras se entrega
apasionadamente al momento mágico que supone todo encuentro. Vive el
instante con intensidad, con entrega, pero sin crear lazos con los recuerdos
pasados. Disfruta de todo lo que encuentra, lo más insignificante se
convierte en sus manos en lo más noble y sagrado, se vuelca en lo que hace
y, cuando cree terminada su tarea, simplemente se va. No acepta compromisos
impuestos desde afuera ni cree en complicidades ni traiciones. No tiene más
morada que el propio mundo, su tarjeta de presentación es una sonrisa, su
despedida un hasta siempre, su estar un dar sin esperar. Al Dancer
evidentemente le gusta bailar, le gustan las fiestas, los ritos y las
celebraciones. También vibra con ritmos que pasan desapercibidos, más
sutiles, más profundos, en el trabajo bien hecho que se expresa como arte,
en el sentir compartido con almas gemelas, en la alegría que irradia a
través de su cuerpo. Un Dancer es un loco, una vagabunda, una caminante, un
poeta…

Y sin embargo, de alguna manera mi vida ha estado marcada por el Dreamer,
desde que de chico me rebelaba contra todas las injusticias y soñaba un
mundo de seres libres e iguales, desde que de chico quería saberlo todo,
conocer los misterios del universo, encontrar relaciones y estructuras
ocultas tras la apariencia inmediata de las cosas. ¡Cuántas veces habré
soñado con encontrar una teoría que lo explicara todo, el universo, la vida,
la mente, la sociedad…! ¡Cuántas veces, también, habré soñado con un mundo
perfecto, donde no hubiera guerras, ni miseria, ni injusticia! Un Dreamer es
una visionaria, una profeta, un ser que se anticipa a los tiempos para
traernos la buena nueva de un futuro por hacer. Sus visiones no nacen de la
nada, sino de un profundo conocimiento del presente y del pasado. Un Dreamer
lee el presente a muchos niveles, y de todos ellos extrae una información
valiosa. Conoce los secretos de la ciencia, de la política, de la religión,
encuentra claves en las relaciones humanas, en la naturaleza, en lo más
profundo de su ser. El Dreamer acoge con interés lo aparente, la lectura
primera que la gente hace de las cosas, pero sabe que en otros niveles
intervienen otros factores, surgen nuevas razones, se establecen otro tipo
de conexiones. Su mente, su cuerpo, su ser están entrenados para leer la
realidad no visible, para resonar con las subterráneas corrientes del flujo
vital, para entrever escenarios posibles para un futuro que le viene
fácilmente dado. Un Dreamer es una visionaria, un revolucionario, una
pensadora, un místico…

Mi presente pertenece, no obstante, al Doer, aunque sólo sea porque en esta
fase de mi vida estoy construyendo una casa, de igual manera que construyo
redes y relaciones. El Doer tiene sin duda los pies en la tierra, le gusta
lo visible, lo que se puede tocar con las manos, aunque me atrevería a decir
que vive su hacer con la satisfacción de quien guarda para sí un secreto. En
su fuero interno sabe que todo material es ya la expresión de un milagro, la
perfecta forma acabada de una red de relaciones que se mantiene invisible
tras la apariencia inmediata, y sabe que todo material contiene en sí todas
las formas posibles, y que basta aprender a verlas para que, en sus manos,
la materia se transforme en finalidad, armonía y belleza. En el fondo, el
Doer vive, a veces sin saberlo, en ese espacio intermedio entre lo real y lo
irreal, entre la nada y lo existente, y se mueve de un mundo a otro con una
facilidad pasmosa. Donde no había nada, el Doer construye un universo; donde
sólo se aprecia fragmentación, el Doer crea unidad y sentido. De hecho, la
realidad es para el Doer un campo de juego en el que nuevas formas se crean
y se transforman sin cesar en busca de una identidad, en busca del bien o de
la manifestación externa de la belleza. El Doer transforma el trigo en
harina y la harina en pan, de la misma manera que modela el barro para
revelarnos formas impensables, o resuena con los afectos que mueven las
gentes para, extrayendo lo mejor de cada cual, hacer manifiesta una visión.
El Doer es un hacedor, una artesana, un activista, una constructora de
nuevas realidades…

Hasta ahora nunca me había sentido muy identificado con el Doer, aunque al
final he asumido el papel por responsabilidad —¡Algo habrá que hacer para
cambiar el mundo!—. Y tengo que reconocer que la experiencia del hacer está
siendo positiva y muy enriquecedora para mi. También me ha quedado claro que
Doer y Dreamer se necesitan y que para hacer algo que finalmente revele
armonía, sentido, unidad y belleza, se necesita contar con una visión
integradora, transformadora y holística. De lo contrario el hacer se
cosifica, se convierte en rutina y trabajo, cuando no en explotación de la
naturaleza y del propio ser humano. De igual manera, el visionario, el
pensador y el místico necesitan comprometerse con su visión, trabajar en su
realización, establecer conexiones que permitan su manifestación externa y
visible. De lo contrario la visión, por muy maravillosa que sea, no deja de
ser un sueño, una fantasía, una puerta abierta que nadie cruzó jamás, un
paraíso ausente…

En todos los grupos existen Dreamers y Doers. Se necesitan y, aunque a veces
no se entienden bien —una mirando permanentemente al futuro, la otra
arraigada en las cosas del presente—, se toleran porque saben no llegarán
muy lejos sin la otra. Pero, ¿y el Dancer? ¿Qué puede aportar a la visión
del Dreamer, o a su manifestación en manos del Doer, esa persona que parece
andar siempre despistada, que se embelesa con cualquier cosa, siempre lista
para divagar y dejarse arrastrar por una simple conversación, unas palmas o
una musiquita, que no entiende de compromisos y tan pronto está como no
está, que propone cosas aparentemente sin sentido y que tantas veces parece
provocar con su sola presencia algún conflicto? ¿Necesitamos Dancers en
nuestros grupos?

Un Doer abandonado a sí mismo convierte su hacer en finalidad, hacer por
hacer con el que demuestra su poder, su capacidad para transformarlo todo,
para crear lo imposible. No le importa si su hacer responde a una necesidad,
una visión transformadora del ser humano, o si es respetuoso y coherente con
una naturaleza de la que se nutre, o si sirve para engrandecerla y crear
belleza. Hacer porque sí, porque se puede hacer, éste es el rol dominante en
nuestra tecnocosificada sociedad. Un Doer abandonado a sí mismo se convierte
en un tecnócrata. Por otra parte, un Dreamer abandonado a sí mismo corre el
peligro de confundir su visión con la propia realidad, modificando esta
última si es preciso para ajustarla a su idea, eliminando todo aquello que
no encaja o que molesta. No le importa si su visión es excluyente y deja
otras personas fuera, no le importa destruir, eliminar, reprimir todo
aquello que se aparta de su idea. La visión se convierte en algo más
poderoso que la propia persona, la desborda y la utiliza. Un Dreamer
abandonado a sí mismo es un fundamentalista y, si tiene poder, se convertirá
seguramente en un dictador.

El Dancer observa alegremente la obra del Doer y exclama: ¡Genial! ¿cómo lo
has hecho? Y tras escuchar pacientemente las explicaciones del Doer, vuelve
a preguntar: Y ¿para qué sirve? Si tras varias preguntas de este tipo, no
desquicia completamente al Doer, el Dancer inocentemente añadirá: Una vez me
encontré una persona, un libro, un animal, una planta o una piedra, que
hacía exactamente lo mismo y era tan bonita… Y se irá. Más tarde, cuando el
Dreamer le cuente su visión, el Dancer la escuchará con interés para
finalmente exclamar: ¡Genial! ¿cómo has llegado hasta ahí? Y cuando el
Dreamer termine sus explicaciones, el Dancer inocentemente añadirá: Una vez
conocí una gente con una visión parecida, pasó hace mil años, lo leí en un
libro, o son gentes de ahora mismo que me encontré en los límites del mundo,
aunque utilizaban palabras diferentes a las tuyas y también había algunas
diferencias en otros detalles. La gente parecía tan contenta con su visión…
Y tras dejar al Dreamer un tanto atónito con sus comentarios, tranquilamente
se irá.

De siempre he querido ser un Dancer, he sido más un Dreamer y estoy
aprendiendo a ser un Doer. Me gusta que estas tres cualidades estén
presentes en mi ser, que sean capaces de coexistir, a veces en tiempos
diferentes, a veces inexplicablemente en el mismo tiempo. Procuro que mi
hacer se ajuste a una visión compartida de un mundo sostenible y en paz,
basada en el cuidado de las personas y el cuidado de la Tierra, sin olvidar
que toda visión no es más que un aspecto de la realidad y que la armonía que
busco no será nunca una imposición sino la expresión de una danza con
múltiples actores. Y hablando de danzas, procuro que la música y la danza no
falten en mi vida.

Un Comentario »

  1. de verdad me identifico mucho con todas y creo qe la vida asi es todos tienen de cada uno, cada quien desarrolla el que quiera , como quiera, tambien pienso qe la vida es un poco de los tres, mi vision de la vida es un poco arraigada pienso qe la vida esta llena de momentos y cada quien la desarrolla al modo en qe vemos las cosas, casi no me se expresar con palabras pero mis pensamietos flotan en mi cabeza todo los dias a todas horas. no se como escribirlos ,
    un saludo..

    mariela — 27-05-2008 - 23:51:23 GMT 1

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